Otro rascacielos en Dubai (si nuevamente), el Burj Al-Taqa Energy Tower está diseñado por Eckhard Gerber y contará con una altura de 322 metros. El edificio está diseñado para cubrir por si mismo el 100% de sus requerimientos energéticos por medio de turbinas eólicas y energía solar. En lo alto de la torre se proyecta un aerogenerador de 61 metros. También se dispondrán paneles solares en una superficie de 15,000 m².

La torre contará también con protección solar masiva y cristalería aislante que servirán para reducir la cantidad de calor absorbido del ambiente, pues en la zona se puede llegar hasta los 50°C, con ésto se contribuye a tener un menor consumo energético en sistemas de acondicionamiento ambiental.

El principal sistema de para refrigerar el aire dentro de la torre usa un sistema de convección que obliga al aire caliente a bajar a nivel de suelo en donde después de ser enfriado usando agua de mar se redistribuye a los niveles superiores a una temperatura de 18°C.

Torre Burj al-Taqa

El Burj Al-Taqa Energy Tower diseñado por Eckhard Gerber y realizado con el objetivo de cubrir el 100% de sus requerimientos energéticos.

El modelo parece estar inspirado en un antiguo diseño persa, la gente adinerada de la zona construye torres de viento en los techos de sus casas los cuales proporcionan un sistema natural de acondicionamiento de aire. Las aperturas en las torres se realizan para que el viento saque el aire cálido acumulando en las partes altas sustituyéndose en las bajas por aire más fresco. Éstos elementos son conocidos como barjeels.

Barjeels

Barjeels, diseñados como una solución ecológica de enfriamiento en edificios

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El uso de biocombustibles está permeando como una de las más importantes alternativas a los combustibles fósiles, los beneficios que se pueden obtener por su uso en términos económicos son palpables pues mantienen todo un engranaje productivo que ocupa a: agricultores, productores de fertilizantes, de plaguicidas, transporte de biomasa, industria de transformación, disposición de desechos industriales, empresas químicas, transporte del producto terminado, proveedores finales, entre otros. Todo éste ciclo implica una derrama económica amplia a diferentes sectores de la población así como a diversas industrias.

Entre sus principales defectos podemos encontrar el hecho de que nuevamente se trata de un combustible que se quema y desprende (en menor medida que las gasolinas) gases nocivos para el medio ambiente, aunque el biodiésel es un 4% más contaminante que el diésel derivado del petróleo. En términos de emisión de CO2 esto no parece ser un gran problema, ésto es así pues las emisiones de carbono del biodiésel no son aquellas que estaban acumuladas en reservas fosilizadas hace millones de años, sino que solo se están reintegrando al ciclo del carbono sin añadir más cantidades de éste elemento al ambiente.

En su producción se usan los restos de otras actividades agrícolas, caña de azúcar, remolacha y cereales, entre éstos últimos es particularmente utilizado el maíz. El origen agrícola de éstos combustibles propicia que en ciertos lugares se destruyan áreas selváticas para destinarlas a plantaciones exclusivos para éste fin. Ésto último es una contradicción ya que es más necesaria —ambientalmente hablando— una proporción de selva consumidora de gases de invernadero que una plantación para crear combustibles ecológicos. Pero éste pensamiento no incluye la vertiente económica.

No se me olvida el hecho complementario de que si los productores de cereal finalmente brindarán su producto en el mercado al mejor postor, como en cualquier economía de mercado, se tiene el riesgo adicional de que las industrias dedicadas a la generación biocombustibles puedan ofrecer un mejor precio por los productos agrarios que el que pueden sostener aquellas compañías que requieren los cereales para ser usado como alimento, esto puede acarrear una mayor escasez alimentaria en el mediano y largo plazo.

Otras repercusiones de los fenómenos económicos de oferta y demanda se dan al destinar suelo agrario a cultivos que serán de uso exclusivo para creación de biocombustibles, pues se produce un efecto de competencia entre la producción de alimentos y la de éstos carburantes, ese efecto encarece la primera. Ejemplos de esto los tenemos en Argentina y la cría de ganado vacuno pues el ciclo de retorno de inversión para un cultivo para biocombustibles es de seis meses, mientras que los pastos donde se cría el ganado retornan la inversión en varios años. Esto ha aumentado el costo de la carne llegando hasta a triplicarse.

Recordemos el caso de México y la producción de maíz; la compra de maíz mexicano para producir biocombustibles por parte de los Estados Unidos ha hecho que, en lo que va de éste año, la tortilla de maíz haya llegado a duplicar o aún triplicar su costo. La tortilla de maíz es un producto básico en la alimentación de los mexicanos.

Hay otro inconveniente que tiene este tipo de combustible: El consumo de agua para mantener los cultivos para biocombustibles se agregará al consumo mundial actual del agua. Recordemos que el problema del agua es ya fehaciente en varias partes del mundo y ahora se agrega un nuevo vector de consumo que propiciará cierto déficit adicional de éste líquido.

Una energía como la solar, que si bien es amortizable solo a mediano y largo plazo, requiere para su funcionamiento de una inversión inicial, medios de distribución, de mantenimientos regulares y de que el sol siga brillando. Pocos veían en éste hecho un defecto, lamentablemente éste sistema no considera todo el aparato productivo y de intermediarios que hacen rentables a las economías energéticas actuales.

Las alternativas como la energía eólica, la fuerza de las mareas y en general todas aquellas energías más limpias se dejan en segundo término y se rezagan por una aparente escasez de impacto económico a corto plazo. Éstos medios de obtener energía más amables con el ambiente son descartados por resultar caras en primera instancia y por traslucirse incapaces de retornar los amplios beneficios de los biocombustibles a las economías mundiales que siguen requiriendo carburantes significativamente iguales a los derivados del petróleo, ésto además de que en su producción se sigan moviendo los engranajes de sus economías que hoy están demasiado acostumbradas a ése hidrocarburo.

Al final no solo se trata de obtener una buena, barata y limpia fuente de energía, como al principio era de suponerse, ahora más bien se trata de mostrar la rentabilidad y buen impacto económico, social y ambiental de las alternativas. Me parece que se ha elegido a un mal sucesor energético y que será muy difícil cambiar la tendencia pues no solo hablan los beneficios energéticos y ecológicos. Esperemos que el crecimiento de los así llamados biocombustibles no empeoren mucho el ya muy deteriorado escenario mundial.