Caso Tabasco:

Encontrado en SACATRAPOS.

Una vez en el sitio de click en la caricatura para ampliarla.

Es de común acuerdo el hecho de que a cada postura enarbolada por una persona se corresponde que ésta debe presentar pruebas que sustenten dicha postura, ésto debería ser particularmente cierto cuando los expositores son políticos o connotadas figuras públicas.

Actualmente se tiene una boga: la de tomar un tema de importancia, o a un personaje que la represente, e irse a los extremos del tema en cuestión, a su favor o en su contra, polarizando así la discusión: Células madre, guerra, aborto, religión y claro; cambio climático, entre muchos otros.

Hoy está de moda lanzar golpes contra el nuevo nobel de la paz Al Gore, aún con posturas sostenidas con argumentos de lo más inverosímiles, contribuyendo así a enrarecer una polémica legítima sobre una preocupación global que esperemos que efectivamente sea desmedida. Esa esperanza, sin embargo, no puede sostenerse únicamente con la fe, sino fundamentarse ampliamente.

Pues bien, ahora el turno de levantar polémica sostenida a partir de menoscabar la posición de otros —y a su vez tener un mejor posicionamiento de su libro— es para Jorge Alcalde, un divulgador español con su libro “Las mentiras del cambio climático“.

Solo queda esperar mesura de otros divulgadores que no estén de acuerdo con las mismas posturas ambientales que sostiene Al Gore pero que no se enfoquen en la persona, que se enfoquen en distribuir claramente su ideas para que entren a un espacio reflexivo de debate evitando ataques personales.

No estoy ni a favor de unos, ni en contra de otros, solo esperando una discusión que solo verse sobre hechos, datos, teorías y sus comprobaciones.

Hasta la administración Bush ha comenzado a reconocer las obligaciones legales de los Estados Unidos de América para combatir el calentamiento global.


(Even the Bush administration has started to recognize U.S. legal obligations to fight global warming)

Por Jeffrey D. Sanchs, director del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia (www.earth.columbia.edu)

Traducción Akhire

Las negociaciones mundiales para estabilizar las emisiones de gases de invernadero para después del año 2012 comenzarán en Bali, Indonesia, en Diciembre. Los principales emisores de éstos gases — incluidos Brasil, Canadá, China, la Unión Europea, India, México, Sudáfrica y los Estados Unidos — han reafirmado su compromiso para alcanzar un “acuerdo exhaustivo” en las próximas negociaciones. También prometieron contribuir a un “intercambio justo” para estabilizar los gases de invernadero para prevenir “peligrosas interferencias humanas en el clima”.

Por supuesto uno de los obstáculos más grandes, sino el mayor, para lograr un acuerdo internacional, han sido los mismos Estados Unidos, Los Estados Unidos (E.U.) no solamente no ratificaron el Protocolo de Kyoto — normas internacionales para limitar las emisiones de gases hasta el año 2012 — sino que tampoco dieron pie a ninguna estrategia estabilizadora significativa en su lugar. Uno de los más impactantes aspectos de la fallas de los E.U. es que ha sido un país indiferente a las regulaciones tanto internacionales como locales. Esta ausencia de reglamentación está aún en espera de un cambio.

En los años recientes el unilateralismo de la política exterior del gobierno de los E.U. ha vergonzosamente ignorado o contravenido incontables aspectos del derecho internacional, oscilando desde la conversión de Ginebra hasta tratados ambientales multilaterales que esperaban que fuesen firmados por éstos.

Éste descaro ha infectado la esencia de las discusiones políticas al interior de los E.U. Considere las opiniones de dos distinguidos profesores en leyes en la Universidad de Chicago, que argumentaron en el Financial Times el 5 de agosto que los E.U. no tienen obligación alguna de controlar los gases de invernadero y que si a otros países no les agrada el comportamiento de éste país deberían considerar pagarles para disminuir sus emisiones.

Sorprendentemente los profesores negaron completamente que los E.U. estuvieran tomando medidas para estabilizar los gases de efecto inverdadero en la atmosfera bajo el marco de la Convención de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (United Nations Framework Convention on Climate Change) firmada por el presidente George H. W. Bush y ratificada por el Senado en 1992. Su alegato de que los E.U. no tienen el deber de evitar dañar el clima de otros es rotundamente contradictorio a los acuerdos de la Convención, la cual declara en su preámbulo que “en concordancia con los estatutos de las Naciones Unidas y los principios del derecho internacional… [los estados tienen…] la responsabilidad de asegurar que las actividades bajo su jurisdicción o control no causen daño al ambiente de otros Estados o áreas más allá de su jurisdicción nacional.”

La obligación de limitar las emisiones de gases de invernadero está por lo tanto ya en la ley de aquél país y es un muy buen tiempo para comenzar a respetar esas leyes. Debemos hacerlo no solo por que es importante mantener sus compromisos legales sino porque han realizado esos compromisos por la razón de su propia supervivencia y bienestar. Aún una administración que ha arrastrado los pies por siete años está finalmente comenzando a enfrentar la realidad.