Cuando uno hojea una publicación arquitectónica lo primero que suele encontrar son portadas llamativas, tomas impresionantes, coloridos diagramas y sentencias con una total falta de agudeza. Narraciones simplonas a la vez que melosas en donde se deja ver al arquitecto como un ente alejado, no como un generador de plusvalía, sino como un ser tocado con el don del diseño, un artista, un poeta de los materiales:

Mies Van der Rhoe
“Menos es más”
«Su obra se destaca por la composición rígidamente geométrica y la ausencia total de elementos ornamentales.
Su poética radica en la sutil maestría de las proporciones y en la elegancia exquisita de los materiales tales como; mármol, ónice, travertino, acero cromado, bronce o maderas nobles.»

Los pies de imagen muy comúnmente alegan a la estupidez del lector recitando lo que la imagen obvia:

  • “En el tejado del rascacielos más alto de Chicago… destacan las dos grandes antenas. Al rededor se levanta una gran cantidad de rascacielos, que en realidad parecen casi aplastados por la mole de la Sears Tower”*
  • “El interior está constituido por varios niveles unidos entre sí por elementos de distribución vertical [a.k.a. escaleras]”*
  • “El acceso a la primera torre de la plaza se caracteriza por una marquesina de hormigón [a.k.a. concreto] revestida con aluminio”*
  • “Las sala [sic] de las Asambleas, situada en el edificio que cierra la plaza, presenta forma elíptica, como el tragaluz que tiene como cubierta”*

Y es que, en realidad, a pocos les interesa el texto, lo que se quiere es regocijarse e “inspirarse” con las imágenes. O quizá es solo una cuestión que se adapta al nivel de exigencia literaria de las personas que consumen éstos materiales. Espero sea más bien lo primero.

*Tomados de “Rascacielos” de A. Terranova, edit. Numen

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